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π y 42 ¿Qué tienen en común?
3,1416, una de las constantes matemáticas por excelencia, celebra su día el 14 de marzo de cada año, el día de pi, al coincidir sus cifras con las de esta fecha, que en la forma anglosajona se escribe 3/14. Pero ¿sabías que en los primeros 4242 dígitos de su expresión decimal se repite 42 veces el número 42? ¿Casualidad? No obstante, ambos son considerados números peculiares, ¡descubramos por qué!
Pi representa la relación entre el perímetro de un círculo y su diámetro; es decir, el número que se obtiene al dividir la circunferencia por su diámetro. Esto significa que, para cualquier círculo, puedes dividir la circunferencia por el diámetro y siempre obtendrás el mismo número. No importa lo grande o pequeño que sea el círculo, siempre será pi. Se representa con la letra griega “π”. El símbolo π se pronuncia comúnmente como pi, lo que deriva de la primera letra de la palabra griega “perímetros”, que significa “circunferencia”.
El valor de pi se traduce a menudo en 3,14, de ahí que su día se celebre el 14 del tercer mes del año, pero es una aproximación. El valor real de pi es 3,1415926535… y los tres puntos significan que pi tiene un número infinito de dígitos en su expresión decimal. Por ello, es un número irracional; es decir, su expresión decimal no establece un patrón infinito de dígitos repetidos. En su interminable flujo de dígitos, se cree que pi contiene los números del 0 al 9 en todas las combinaciones imaginables, formando todas las secuencias posibles. Tu número de teléfono, el número de la seguridad social, el código del cajero automático y cualquier otra sucesión de números que puedas imaginar están ahí en alguna parte. Incluso el número 42, que hemos descubierto que está presente 42 veces en los primeros 4242 dígitos.
Pero, ¿qué pasa con el número 42?
El número 42 es conocido por ser la respuesta a todo. Su origen se encuentra en la novela de Douglas Adams “La guía del autoestopista galáctico”, en la que aparece un superordenador llamado Pensamiento Profundo que, tras 7 millones de años procesando una pregunta, acaba respondiendo que “la respuesta definitiva a la vida, el universo y todo lo demás” es 42.
Desde su publicación en 1978, los numerosos fans de esta novela han estado tratando de atribuir un significado profundo y simbólico al número 42. De hecho, hay un colectivo que ha elevado el número 42 a la categoría de número de culto, el de los programadores. Y es que, 42 es 101010 en binario y el carácter número 42 en ASCII es el asterisco, que se considera un comodín. Estas coincidencias han hecho que no se haya dejado de investigar su procedencia y se hayan multiplicado las hipótesis sobre su posible simbolismo. El campus 42 Málaga de Fundación Telefónica también se articula en torno a esa filosofía, la de no dejar nunca de hacerse preguntas.
Pero esto mismo es lo que hizo posible la aparición del número pi. Aunque no se denominó así hasta el siglo XVIII, la relación numérica entre una circunferencia y su diámetro ya se había estado barajando desde tiempos pasados. Los babilonios utilizaban 25/8 para pi (equivalente a 3,125), mientras los egipcios utilizaban 256/81 (equivalente a 3,160). El primer algoritmo registrado para un cálculo riguroso del valor de pi consistió en un enfoque geométrico basado en polígonos, ingeniado alrededor del año 250 a.C. por el griego matemático Arquímedes.
El símbolo π fue utilizado por primera vez para denotar la relación entre la circunferencia y el diámetro en 1706 por el matemático galés William Jones. Pero no se puso de moda hasta que el matemático y astrónomo suizo Leonhard Euler adoptó su uso en la década de 1730. Fue en su libro “Mecánica”, publicado en 1736, cuando Euler comenzó a darle a π el valor de 3,14. Sin embargo, sigue siendo un reto para los científicos averiguar los misterios que encierra el número pi. En el año 2021 se han llegado a descubrir hasta 68,2 billones de decimales del número y parece que la búsqueda no concluye.
Y este es, al fin y al cabo, el espíritu que persigue 42: el conocimiento se alcanza poco a poco, investigando y siendo constante; pero para ello, primero hay que aprender a aprender. ¿Quieres saber cómo?
